miércoles, 3 de octubre de 2007

Regresión

Es una mañana de un año que no recuerdo. Desde mi cama, siento el calor de la cocina de leña, la tos de mi abuela soplando los tizones atraviesa las paredes de esta casa vieja. Con la ayuda del radio de transistores, mi abuelo tararea a Agustín Lara, pasa frente a mí con ese paso de tren con asma a punto de descarrilarse, recoge el pan que amanecía, militarmente, colgado a un clavo de la puerta del corredor todas las mañanas, vuelve a pasar frente a mí, me doy cuenta de que en la otra mano lleva la bacinilla, mi regalo antagónico para un día del padre. Miro hacia el cielo raso, el miedo de derrumbe no existía en este tiempo, sólo un poco de comején y los fósiles de algunos zancudos crucificados con la sandalia de mi madre. Todavía se percibía en el cuarto su perfume, su olor a talco, todavía estaba tibio su lado de la cama, porque dormir con mi madre no era cuestión de vanidad de hijo único, digamos mejor, por problemas de hacinamiento. Seguramente, al partir, me dio un beso en la frente, salió de la casa, rumbo al trabajo, pensando en sus ojeras y mi tarea de religión (San Francisco de Asís); seguramente pasó a la pulpería Gran Chaparral y pagó la deuda de la melcocha (siempre sin premio), del betún de mi abuelo, de la mortadela con gordo, de la cena anterior. Siempre fue un arma de doble filo pedir fiado en el Gran Chaparral, que lo diga aquella niñez con tendencia a la obesidad.

Sigo en el letargo de la cama. Debe de ser sábado. El vecino lava su Datsun 120 con Jhonny Ventura como banda sonora, el escándalo se esparce por todo este barrio, barrio bajo con proyección a clase media. Me gusta Lily, pienso, la hija del dueño del Datsun, aunque coma mocos, aunque regaló mi papalote, aunque colecciona cabezones, aunque, hasta la fecha, no me dé pelota, me gusta Lily. Abro la cortina que da a la calle y, tras la ventana, miro a toda esa familia enjabonando a ese dinosaurio destartalado, envidia de los vecinos. Lily anda en short y una camisa de My Lilltle Pony heredada de su hermana que, pronto hará la primera comunión (ella no comía mocos pero no era Lily) y antes que se le suelte una de las colas, se mete un dedo a la nariz, se lo saca y se traga un moco, me gusta Lily, cierro la cortina.

Enciendo la tele por pura inercia de mis limitaciones pensativas. Sí, debe de ser sábado. Antes de que la imagen a blanco y negro aparezca, la música de Recreo Grande empieza a sonar. Tía Flory nunca me infló tan siquiera un globo de imaginación, ¿por qué ves esas pendejadas?, dijo mi abuelo, no supe qué decir y empecé a comerme las uñas, primero la del meñique, luego la del pulgar, ¿por qué putas te comes las uñas?, me vuelve a preguntar. Al tiempo, comprendí que mi abuelo siempre fue un hombre de preguntas y no de respuestas, un hombre para recibir abrazos y no para inventarlos. Vuelvo a la tele: Tía Flory y su varita mágica, su voz más que impostada, fingida. Imagino a la Tía Flory luchando en Glow, dándose de panzazos con Matilde la Grande, o de sillazos con la Española Roja, o ligándose al Hombre Selvático mientras llega mi abuela al cuarto diciendo que el desayuno está listo. Apago la tele decepcionado de la Tía Flory.

No quiero moverme de la cama. Tengo costras del partido de ayer en una pierna y no anoté. Regresa mi abuelo aún con la bacinilla en la mano, -estás muy huevón pa estar durmiendo todavía, levántate, la vieja ya hizo el desayuno-. Sin uñas, pero con costras, me siento a la mesa. Mi abuela maldice a Ringa, la perra, en un idioma ajeno para mi edad, mi abuelo reza frente al gallo pinto, dando gracias a un ser que nunca nos ha guiñado el ojo, el calor de la cocina de leña sonroja a mi abuela o eso quiero creer. Comemos en silencio, como buscando un adjetivo para sobrevivir al día, -El amor no se compra ni se vende- canta Memo Morales en la radio. Desde el comedor, escucho la risa de Lily y ahora soy yo quien se sonroja.

Es una mañana de un año que verdaderamente no recuerdo. Una mañana hace más de dos décadas, en una casa vieja sostenida por los recuerdos , como hoy.

18 comentarios:

itzpapalotl dijo...

Gracias.
Ahora me pregunto si El Gran Chaparral será el mismo donde mi abuela me mandaba a comprar una barra de mantequilla y un octavo de queso.

Cromatica dijo...

Que belleza de relato! viaje sin moverme entre las imagenes de tus palabras. Imagine hasta el fogon que soplaba tu abuela, es como sacar del bagaje de tu mente esos objetos a manera de utileria.

Bello y cautivador!!!!!!

un beso y un abrazo

Lau Fu dijo...

Me encantó tu relato, es un corto cinematográfico, de los buenos.

Maria M. dijo...

Sí, lo disfruté y lo gocé. me recordo a lo de cantar, bailar o recitar viendo la lucesita roja...

cacho de pan dijo...

bienvenido, señor..
a pesar de las diferencias de tiempo y lugar, hay recuerdos comunes en esa sexualidad de frustrante objeto, en esos santos franciscanos, en esa cama compartida, en la tristeza que parece desprenderse del entorno.

Jen® dijo...

qué montón de recuerdos. algunos los comparto con usted.
lindo lindo esto.

silvia piranesi dijo...

creo q esto es lo que más me ha gustado de lo que te he leído hasta el momento.
me faltó más "sustancia" al final, pero es por puro gusto personal.

muy tuanis malasombra.

y eso de dormir con la mamá por falta de espacio me suena a tierra conocida.

Hannibal dijo...

hay regreciones buenas y regreciones malas.. para mi en lo personal...

son buenas cuando ves que las cosas eran diferentes.. y es más... tal ves hasta mejores.. pero se respetan en el tiempo, y no mueres en el presente por la envida.

son malas, cuando no lo soltamos, y pasamos el resto de nuestros días en la cama, imaginando inocentemente que volverán.

nuevo inquilino
saludos
hannibal

Sirena dijo...

¡por fin! ¿ves que tenía razón?

Amorexia dijo...

Y son recuerdos aveces añejados por la lejanía de los recuerdos.
Muy buen texto que viene con nostalgía.

MentesSueltas dijo...

Conociendo tu espacio , prometo volver...
Mientras tanto dejo un enorme abrazo.
MentesSueltas

Literófilo dijo...

Ta buenazo mae, muy bueno

esteban dijo...

Me gustó mucho escuchar las poesías tuyas aquel día!

Un abrazo mae, muy buen rai!

Chau.

cacho de pan dijo...

vuelvo por aquí, a saludarte.

caracol dijo...

muy buen relato, un abrazo

Sirena dijo...

.

Mari dijo...

pff
qué fuerte
mi abuela-madre nació un 3 de octubre y muerió hace un año.
qué cosas me has hecho revivir.

esteban dijo...

mae... se está propagando el no al "Enter" o que la prosa haga lo suyo, jeje. Me gustó esto. Un abrazo mae.