Acechar el borde
de las palabras.
Escribir sobre el muro de la duda.
Pensar que los dioses son ilusiones.
Poe eso, saciar con unos cuantos jazzistas
el tiempo encerrado en sí mismo,
salir al sol,
saludar a la vecina de enfrente
y, de paso, admirarle el trasero
para que no digan
que tengo cara
de solitario suicida.
sábado 27 de junio de 2009
lunes 8 de junio de 2009
VI
Soy un ciudadano más
un niño sin cometa
una bestia de casa
me persigue la ropa vieja
las sonrisas prestadas
el paraguas roto
la gastritis por la noche
de largo esa nube
sin saludar
camino directo a la muerte
única verdad en mis zapatos.
un niño sin cometa
una bestia de casa
me persigue la ropa vieja
las sonrisas prestadas
el paraguas roto
la gastritis por la noche
de largo esa nube
sin saludar
camino directo a la muerte
única verdad en mis zapatos.
lunes 25 de mayo de 2009
Para No Pensar: La poesía que a todos nos pasa de Ricardo Marín
Por: Germán Hernández
Ricardo Marín es en primer lugar un hombre común y corriente, un ciudadano. Se puede tropezar en la calle con él sin que ocurra nada, puede ser su vecino, el compañero de asiento en un bus. Por esta razón, es que sus poemas suenan cotidianos y apelan a la inmediatez, a los escenarios y los elementos vernáculos que todos hemos visto, a los cantantes que todos hemos escuchado, a la circularidad de los coloquios en las barras de las cantinas, a la misma muchacha desconocida que nos arrebató una mirada, un suspiro y un piropo por un instante antes de desaparecer en la siguiente esquina.
A los 31 años Ricardo ha superado los dolores juveniles y seguro tiene trabajo, obligaciones y deudas!!! Y esos son sus materiales de trabajo, todo lo que nos hermana con él se convierte en argamasa y signo en su poesía. Tal vez por eso, cada poema está en tensión entre lo situacional y su permanencia…, la realidad es caótica y cualquier intento por aprehenderla y ordenarla será un fracaso, Ricardo lo sabe y confía en el azar y las erráticas apariciones de cada día…
El poemario transcurre diáfano, sin recursos formales artificiosos, como una carta o un memorándum, son ordenados, coherentes, sin grandes giros, son poemas directos y eficaces.
Entre las peculiaridades que encontramos en la poesía de Ricardo están: “La pérdida de la Inocencia” como un eco que resuena entre líneas de una manera sutil y exquisita, empapada de nostalgia, enfrentada a esa realidad que lo destruye todo. También las ex novias y amores platónicos corrompidos y una cierta forma del hastío a la multitud; una constante referencia a los íconos de la música pop, (que generalmente no vienen al caso) y otro elemento particularmente interesante y no siembre bien logrado son sus constantes paráfrasis de algunos pasajes de los Evangelios…
En todo caso, “Para no Pensar” es un primer poemario que anuncia un carácter y un estilo bien definido, Ricardo no pretende haber descubierto el agua tibia o haber inventado nada con su propuesta poética, cualquier tentación estética ha sido reprimida para dar con poemas capaces de comunicar con economía una situación.
Pero ahondemos un poco en el poemario.
Para no pensar es un poemario breve de 33 poemas, dividido en tres secciones de títulos irreverentes y sugestivos, sin mayor grandilocuencia: Malasombra, Caspas, Para no Pensar. Malasombra se dirige hacia la ciudad hasta un recorrido hasta la semilla, Caspas, brevísimos poemas de tono epigramático, y Para no Pensar es un repaso por los amores perdidos.
El poemario comienza de primera entrada con un paisaje urbano que los meseteños podemos identificar:
Colgadas en los portones
las bolsas de basura
hacen que la madrugada tenga sonido
a través de la lámpara
la pelusa es una cosmografía en el cuarto
si Demi Moore estuviera en su mejor momento
valdría la pena mantener la tv encendida
y no es que no quera llamarte
pero del teléfono a tu cama hay un perro de guerra
que se alimenta de mis mensajes
amanece el barrio aún está libre de peatones
y en la calle abandonadas
las cuatro piedras de la mejenga
el cigarro
apenas un arma
contra los zancudos
Ese noctámbulo que mira a Demi Moore sin remedio, porque realmente hay una angustia, un deseo por romper el paisaje, bastaría tomar ese teléfono y llamarla, pero: hay un perro de guerra que se alimenta de mis mensajes… - quizás una de las más bellas imágenes de todo el poemario, porque ese perro de guerra, que puede ser un rival, una billetera vacía, un mal entendido y han abierto una herida que no podrá cerrarse con el deseo, si Demi Moore estuviera en su mejor momento… pero ni eso… afuera amanece y el paisaje sigue sin inmutarse, hasta las piedras que colocan los chiquillos para marcar la meta en sus mejengas están ahí, los cigarros (que evidentemente es un viejo recurso y suena a lugar común pero que no molesta en esta oportunidad) ya no alivian el alma del desesperado, acaso son: un arma contra los zancudos.
Esos elementos sutiles, vívidamente rescatados por Ricardo constituyen el centro atmosférico del poemario, como en el poema siguiente: Época, en que la lluvia, ocurre como la vida, y cae sobre todos, y no hay señales ni mensajes, salvo alguien que escribe sobre el vidrio empañado la inicial de un nombre… pero sin las claves para descifrarlo. Será que hay un tono de amargura y denuncia por toda esta sociedad de la “información” que sin embargo no puede comunicarse?
Entonces Ricardo parece insistir en la idea de la incomunicación, en Tópese, a pesar de las multitudes todo es: el mismo estiércol de silencio. Pero este poema es una estampa, una escena muy estereotipada, encontraremos otros poemas así, y son los menos logrados del poemario por esa razón y por los evidentes juicios de valor del poeta, demasiado entrometido en Tópese y otros poemas que iremos señalando. El juego de ir añadiendo frases a este poema como una especie de letanía, tampoco es relevante, pero sí enfatizan el hastío del poeta ante los tradicionales topes, tan solo eso.
En Instantáneas (Calle 155), volvemos a los personajes estereotipados, aunque vale rescatar a: Uno. La noche se agita como la suiza de un boxeador. Entonces el resto declina, el travestido pelirrojo (que volverá a aparecer en Caspas) el adulto mayor; en el Cinco, a pesar del tono irónico, no viene al caso la eterna polémica sobre el rock, ni el listado entre paréntesis de lo que parece una guía para el oyente recomendada por el autor, que no logra disimular sus juicios de valor en este fragmento. Simpático el Seis, con los lobos, las caperucitas y los tres cerditos, pero en efecto no hubo calzones, ni cuento, ni nada. Y siguen los arquetipos en el Siete: el niño de las melcochas que espera a su padre alcohólico, los juicios de valor en el Ocho: Y no hay nada de extraordinario en esto, los arquetipos del Nueve con el borracho, ¿el padre del niño de las melcochas?, el policía de tránsito (que en tico se les llama “Tráficos”) y cierra con otro borracho en el caño, quizás ese sí sea el papá del niño de las melcochas… y una alusión moralizante y desafortunada sobre la navidad, convertida en bacanal pagano. En todo caso muchos borrachos.
Hora Pico es parecido a Tópece, el poeta nuevamente increpa sobre esas manifestaciones sociales que no le gustan y que parecen molestarle mucho.
Detengámonos y hagamos un examen a parte de los poemas que hacen referencias a los Evangelios. En IV nos encontramos con la primera de las paráfrasis de los Evangelios, Las Bienaventuranzas, que hacen referencia a Lucas 6, 20-23 y Mateo 5 1-12. La siguiente será en Deseos II haciendo referencia a la resurrección de Lázaro en el Capítulo 11 de Juan, en el poema II en Caspas, en referencia a la sanación del esclavo (amante para algunos exégetas) del centurión y que hallamos en Mateo 8 5-13 y en Lucas 7 del 1-10 y finalmente en Heidi de la última sección a propósito de la negación de Pedro que podemos ubicar en Marcos 14 66-72; Mateo 26 69-75; Lucas 22 55-62 y Juan 18 15-18 y 25-27. Y podríamos señalar una más, pero más sutil, la del Hijo Pródigo, en el Poema XXX.
Pero expliquémonos lo que entendemos por paráfrasis y dónde está la clave… En este caso la entendemos como amplificación y falsificación de otro texto, falsificación por que el autor evidentemente no toma la fuente como pretexto, si no la familiaridad del lector con ese texto, un texto que como condición hace cómplice al referente, al lector, que sabe y conoce la fuente, si no la sabe, no pasa nada, el poema se quema a la salida del horno. Tengamos en cuenta esta condición. Tengamos en cuenta que la paráfrasis es un juego de sustituciones, por eso la llamamos falsificación, porque no se refleja en lo que alude, aunque lo aludido está reflejado.
Desafortunadamente en las bienaventuranzas de IV siguen vigentes los mismo arquetipos de Hora Pico…, y no le hace justicia a la fuente… no se vale disparar en todas direcciones. Sobre todo en la tercera estrofa, donde el autor reitera su amargura y desidia por los “altos funcionarios” de la misma manera que lo hace en Instantáneas en el apartado “Cinco”.
En el caso de Deseos II, es un poema circunstancial, íntimo y a pesar de ello capaz de evocar ternura… un bello descanso en el trayecto del poemario. Y luego en Caspas un precioso logro en II, lleno del anhelo y la humildad aplastante de quien se siente peatón y sujeto de la precariedad…
Señor:
no soy digno
que entres en mi casa
pero esa mujer
en el poema
bastará para sanarme
... minimalista y arrebatador
Finalmente en Heidi, que es un logro en el poemario, la alusión al “amigo nombre de Santo”, que podría ser cualquiera, pero adelanta una legitimación y luego lo verdaderamente hermoso, que no la negó ni una, ni dos, ni tres, ni ninguna vez, que nos lleva a otras imágenes más sugestivas, pero que no, no es el caso, un poema noble, lleno de verdad con la resignación de que la vida nos acaba.
¿Por qué esa insistencia en los relatos de los evangelios? ¿Por qué estos y no otros dichos y refranes, etc..? Tarea de otros analistas que escarben donde este artículo no pretende.
En A Cow, The Moon and a Big City, ya se siente la constante reiteración a los alcohólicos y las cantinas, se mantienen los juicios de valor como en “me cansé del rap y las tiaminas para entenderla”.
En XXX, sentimos de nuevo la atmósfera que habíamos percibido en el arranque del poemario, pero mucho más logrado y provocador es Bagdad 7 AM donde trasluce a todas vistas la ironía cotidiana del nuevo día cuando otros distantes e irreales no amanecen.
Famotidina, tiene la misma resonancia de Instantáneas al punto que pudo haber sido parte de este. Mientras que El Emigrante, desafortunadamente no capta lo esencial y se conforma con estereotipos y convencionalismos (el diente de oro, la guayabera, el pinol, las botas…) sobre los migrantes nicaragüenses. Muy al contrario y plenamente logrado es Garrincha Vega y su amarga exposición sobre la verdad del embrutecimiento y aplastamiento nada bohemio de los chicheros.
VII, un poema logradísimo y asceta, en que ese hastío del que he señalando está perfectamente plasmado sin aludir a ningún síntoma en particular ni a ningún escenario:
Un día la muerte vendrá por mí
y no tendré que levantarme temprano
ni escuchar más sobre Dios y el Diablo
ni de los beneficios de ir a un gimnasio
ni de enfisemas ni de excesos
ni navegar por internet
ni lavar camisas
ni leer libros por la noche
la muerte vendrá por mi
y no tendré que dar explicaciones
seré un muerto autodidacta
que estudia su propia ausencia
un día cualquiera
la muerte vendrá por mí.
No queremos desperdiciar la oportunidad de destacar ese amargo y sutil dejo de humor e ironía cuando dice “seré un muerto autodidacta que estudia su propia ausencia” un logro por sí mismo que hubiéramos preferido como final en lugar de los versos que como estribillo cierran este magnífico poema.
Poemas como El Empujado mantienen esa tonalidad de hastío, de la irreverente vulgaridad de la vida “ni tan siguiera soy un buen tipo” se mantienen las insistentes referencias a la cantina y al licor. En Nuestro mejor momento en la misma perspectiva, pero contemplando un tiempo pasado, un paraíso perdido que a pesar de lo ordinario “definitivamente crecimos” .
En ese proceso, el de la inocencia perdida finalmente se nos interpela en cuanto a escritor, pero ni el autor se lo cree en Ars poética “Te creés un poeta leyéndome” y se transforma en un reproche, que puede venir de la madre, de la novia, del espejo… dura lección de humildad, también recargada de los tópicos recurrentes que ya hemos señalado. Nos llama la atención la intencionalidad del autor por recrear en su poesía el habla cotidiana meseteña, especialmente con el voceo, y que diga: “por qué no buscas un oficio en el que al menos podás reparar el auto”, ¿por qué auto y no carro?.
Hacia el final de la primera parte del poemario, cierra con dos estupendos poemas, Pata e Pluma y Regreso, un viaje desde el origen ancestral hasta la casa que se derrumba, dos extremos y en medio de ellos un sabor a decepción. Con todo, en Pata e Pluma, el poema se desarrolla como una larga enumeración, como una avalancha, hasta con cierto dejo de retajila. Es en dicho ámbito donde Ricardo mejor se expresa.
En la segunda parte, Caspas, nos encontramos con siete brevísimos poemas, particularmente destacamos Inocencias, Workman, II y Sabana-Cementerio, por su gran eficacia.
Inocencias
se pájaro en el árbol de güitite
ignora en su canto
la puntería del nieto
de Otilia Zenteno
Workman
Simplemente se cansó
de aplanchar camisas
para ese sueldo tan arrugado
Sabana – Cementerio
Antes que el travestido pelirrojo
suba su tacón alto
el chofer con sudor en la frente
rompe el silencio:
-En las gradas no llevo a nadie -
A nuestro parecer, son los poemas de Caspas donde sí se captura el instante, la impresión, la suma de todos los goces y los sufrimientos; y donde se aprecia mejor la agudeza y la pericia en la poesía de Ricardo para dejarnos ese leve pero rotundo “efecto final”.
En la tercera parte del poemario “Para no Pensar” y que titula todo el conjunto nos encontramos con 10 poemas que evocan amores pasados, perdidos, frustrados.
Arranca magníficamente con uno de los poemas más entrañables del poemario:
Los ojos
dos linces en peligro de extinción
la sonrisa
el trapito para limpiar la rutina
de las ocho horas laborales
la enagua
un largo peaje sin autopista
las botas el mejor monumento
del parque al medio día
darle la mano
aunque sea así de broma
hace que su anillo
mueva mi fe
Charly García la anunciaba
y ahora soy quien rasguña las piedras
definitivamente estas palabras cursis
beben del aguardiente de su presencia
pero yo no sabía la cuerda floja de conocerla.
Resultan exquisitas las imágenes sugerentes como “la enagua un largo peaje sin autopista” y el deseo reprimido ante un ser que se anhela pero no se puede alcanzar: “pero yo no sabía la cuerda floja de conocerla”. Innecesaria la referencia a Charly García que no le suma nada al poema.
A continuación Tres Segundos, que nos indica el estadio onírico de lo que pudo ser y no fue, donde hasta la rutinaria vida de clase media tiene la dignidad de un sueño.
Aeromoza, es un poema hermano gemelo de Tres Segundo, sobre esos caminos que se cruzan pero que no se juntan. Por cierto que es un poema cuya esencia está contenida bellamente en sus últimos dos versos:
el vuelo mío es hacia otra tierra
y nada tiene que ver con vos.
Los versos que le preceden no aportan mayor cosa al escenario que ya se intuye en el título del poema.
Y de nuevo nos sorprende Ricardo con un poema enigmático:
Esta mujer
de ojos grandes
esconde un alfiler en sus ronquidos
la madrugada le pertenece
todo objeto en el cuarto lucha
con la ausencia de sus palabras
los aretes incas
el reloj de mesa
el ventilador y su monólogo
esta mujer de ojos grandes
subraya el silencio de la provincia
a menos que sus piernas
sacudan la sábana cada tanto
su brava rosa no se marchita
es el camino del pulgarcito precoz
la envida de la levedad a un metro del suelo
la almendra traída en el el bostezo del mar
esta mujer ojos grandes
lastima en su cama de soltera
tiene la facultad de anularme
de tomar un taxi a Morfeo City
luego de repicar en un orgasmo
su espalda es una sombra más
bajo la oscuridad del biombo.
Logradísimo poema, con bellas imágenes que producen vértigo, como esa mujer misteriosa que parece inalcanzable cada vez que se le posee, que tiene la capacidad anular al amante, de dar la espalda y ser una sombra impenetrable…
Desigual, es un poema de despecho, acumula rabia, pero ¿Qué pudo haber visto este juicioso y despechado amante en esta niñita de Papá, superficial y hasta ignorante por no conocer a Pound? Sentimos que este poema no pasa de ser una rabieta.
Suponiendo que el autor al prescindir de toda puntuación y comenzar sus poemas con mayúscula y los concluye con un punto, entonces se trata de un poema independiente el poema sin título que sigue a Desigual, como una especie de continuación, que sí logra lo que Desigual no logra, y nos devuelve a ese tono de todo el poemario: la pérdida de la inocencia.
En Expresso, un poema que brilla poco, empezamos a ver que el poeta se reitera en algunos de sus recursos: la descripción física y detallada de la mujer que observa, la evocación al cigarrillo, la referencia a lo que diría su madre (Presente en Graduación y Ars Poetica) y la referencia a algún cantante, John Lennon en este caso que a no ser porque al autor le gusta, no entendemos a viene.
Llevarte al mar, un poema estático, en prosa, como contemplando una vieja fotografía… es curioso que en este poema se vuelve a aludir a lo “hippie” y la descripción de los pies, igual que en Expresso, quizá porque es la misma muchacha.
Finalmente el poemario cierra con dos puntos altos, Heidi del que ya hablamos, que evoca ternura, y Graduación que cierra con broche de oro esa pérdida de la inocencia, que inaugura una nueva estación de la vida, un poema para leer y releer:
El 89 se despedía
sin levantar la mano
mi madre encontraba
a foto de Bo Dereck
desnuda entre el colchón
aún tibio de mi cama
y la sábana de dibujos animados
me dio tanta pena por ella
tan en casa
tan en topless
que no me atreví a preguntar
si posó en Jacó
o en las arenas de la isla de Creta
esa misma mañana
mi madre me enseñó
a pronunciar su verdadero nombre
(Mary-Cathleen-Collins)
y a no esconder los tesoros
que a nivel de sexto grado
no hacen bien alguno
pero tampoco hacen daño.
A modo de conclusión, “Para no Pensar” sí es un poemario que nos hace pensar, y que a pesar de ciertos altibajos, nos conmueve como conjunto, y esperamos, sea aviso, para recorrer nuevamente de la mano de Ricardo, los territorios urbanos por donde también transcurren nuestra vidas.
Germán Hernández
elsignoroto.blogspot.com
Ricardo Marín es en primer lugar un hombre común y corriente, un ciudadano. Se puede tropezar en la calle con él sin que ocurra nada, puede ser su vecino, el compañero de asiento en un bus. Por esta razón, es que sus poemas suenan cotidianos y apelan a la inmediatez, a los escenarios y los elementos vernáculos que todos hemos visto, a los cantantes que todos hemos escuchado, a la circularidad de los coloquios en las barras de las cantinas, a la misma muchacha desconocida que nos arrebató una mirada, un suspiro y un piropo por un instante antes de desaparecer en la siguiente esquina.
A los 31 años Ricardo ha superado los dolores juveniles y seguro tiene trabajo, obligaciones y deudas!!! Y esos son sus materiales de trabajo, todo lo que nos hermana con él se convierte en argamasa y signo en su poesía. Tal vez por eso, cada poema está en tensión entre lo situacional y su permanencia…, la realidad es caótica y cualquier intento por aprehenderla y ordenarla será un fracaso, Ricardo lo sabe y confía en el azar y las erráticas apariciones de cada día…
El poemario transcurre diáfano, sin recursos formales artificiosos, como una carta o un memorándum, son ordenados, coherentes, sin grandes giros, son poemas directos y eficaces.
Entre las peculiaridades que encontramos en la poesía de Ricardo están: “La pérdida de la Inocencia” como un eco que resuena entre líneas de una manera sutil y exquisita, empapada de nostalgia, enfrentada a esa realidad que lo destruye todo. También las ex novias y amores platónicos corrompidos y una cierta forma del hastío a la multitud; una constante referencia a los íconos de la música pop, (que generalmente no vienen al caso) y otro elemento particularmente interesante y no siembre bien logrado son sus constantes paráfrasis de algunos pasajes de los Evangelios…
En todo caso, “Para no Pensar” es un primer poemario que anuncia un carácter y un estilo bien definido, Ricardo no pretende haber descubierto el agua tibia o haber inventado nada con su propuesta poética, cualquier tentación estética ha sido reprimida para dar con poemas capaces de comunicar con economía una situación.
Pero ahondemos un poco en el poemario.
Para no pensar es un poemario breve de 33 poemas, dividido en tres secciones de títulos irreverentes y sugestivos, sin mayor grandilocuencia: Malasombra, Caspas, Para no Pensar. Malasombra se dirige hacia la ciudad hasta un recorrido hasta la semilla, Caspas, brevísimos poemas de tono epigramático, y Para no Pensar es un repaso por los amores perdidos.
El poemario comienza de primera entrada con un paisaje urbano que los meseteños podemos identificar:
Colgadas en los portones
las bolsas de basura
hacen que la madrugada tenga sonido
a través de la lámpara
la pelusa es una cosmografía en el cuarto
si Demi Moore estuviera en su mejor momento
valdría la pena mantener la tv encendida
y no es que no quera llamarte
pero del teléfono a tu cama hay un perro de guerra
que se alimenta de mis mensajes
amanece el barrio aún está libre de peatones
y en la calle abandonadas
las cuatro piedras de la mejenga
el cigarro
apenas un arma
contra los zancudos
Ese noctámbulo que mira a Demi Moore sin remedio, porque realmente hay una angustia, un deseo por romper el paisaje, bastaría tomar ese teléfono y llamarla, pero: hay un perro de guerra que se alimenta de mis mensajes… - quizás una de las más bellas imágenes de todo el poemario, porque ese perro de guerra, que puede ser un rival, una billetera vacía, un mal entendido y han abierto una herida que no podrá cerrarse con el deseo, si Demi Moore estuviera en su mejor momento… pero ni eso… afuera amanece y el paisaje sigue sin inmutarse, hasta las piedras que colocan los chiquillos para marcar la meta en sus mejengas están ahí, los cigarros (que evidentemente es un viejo recurso y suena a lugar común pero que no molesta en esta oportunidad) ya no alivian el alma del desesperado, acaso son: un arma contra los zancudos.
Esos elementos sutiles, vívidamente rescatados por Ricardo constituyen el centro atmosférico del poemario, como en el poema siguiente: Época, en que la lluvia, ocurre como la vida, y cae sobre todos, y no hay señales ni mensajes, salvo alguien que escribe sobre el vidrio empañado la inicial de un nombre… pero sin las claves para descifrarlo. Será que hay un tono de amargura y denuncia por toda esta sociedad de la “información” que sin embargo no puede comunicarse?
Entonces Ricardo parece insistir en la idea de la incomunicación, en Tópese, a pesar de las multitudes todo es: el mismo estiércol de silencio. Pero este poema es una estampa, una escena muy estereotipada, encontraremos otros poemas así, y son los menos logrados del poemario por esa razón y por los evidentes juicios de valor del poeta, demasiado entrometido en Tópese y otros poemas que iremos señalando. El juego de ir añadiendo frases a este poema como una especie de letanía, tampoco es relevante, pero sí enfatizan el hastío del poeta ante los tradicionales topes, tan solo eso.
En Instantáneas (Calle 155), volvemos a los personajes estereotipados, aunque vale rescatar a: Uno. La noche se agita como la suiza de un boxeador. Entonces el resto declina, el travestido pelirrojo (que volverá a aparecer en Caspas) el adulto mayor; en el Cinco, a pesar del tono irónico, no viene al caso la eterna polémica sobre el rock, ni el listado entre paréntesis de lo que parece una guía para el oyente recomendada por el autor, que no logra disimular sus juicios de valor en este fragmento. Simpático el Seis, con los lobos, las caperucitas y los tres cerditos, pero en efecto no hubo calzones, ni cuento, ni nada. Y siguen los arquetipos en el Siete: el niño de las melcochas que espera a su padre alcohólico, los juicios de valor en el Ocho: Y no hay nada de extraordinario en esto, los arquetipos del Nueve con el borracho, ¿el padre del niño de las melcochas?, el policía de tránsito (que en tico se les llama “Tráficos”) y cierra con otro borracho en el caño, quizás ese sí sea el papá del niño de las melcochas… y una alusión moralizante y desafortunada sobre la navidad, convertida en bacanal pagano. En todo caso muchos borrachos.
Hora Pico es parecido a Tópece, el poeta nuevamente increpa sobre esas manifestaciones sociales que no le gustan y que parecen molestarle mucho.
Detengámonos y hagamos un examen a parte de los poemas que hacen referencias a los Evangelios. En IV nos encontramos con la primera de las paráfrasis de los Evangelios, Las Bienaventuranzas, que hacen referencia a Lucas 6, 20-23 y Mateo 5 1-12. La siguiente será en Deseos II haciendo referencia a la resurrección de Lázaro en el Capítulo 11 de Juan, en el poema II en Caspas, en referencia a la sanación del esclavo (amante para algunos exégetas) del centurión y que hallamos en Mateo 8 5-13 y en Lucas 7 del 1-10 y finalmente en Heidi de la última sección a propósito de la negación de Pedro que podemos ubicar en Marcos 14 66-72; Mateo 26 69-75; Lucas 22 55-62 y Juan 18 15-18 y 25-27. Y podríamos señalar una más, pero más sutil, la del Hijo Pródigo, en el Poema XXX.
Pero expliquémonos lo que entendemos por paráfrasis y dónde está la clave… En este caso la entendemos como amplificación y falsificación de otro texto, falsificación por que el autor evidentemente no toma la fuente como pretexto, si no la familiaridad del lector con ese texto, un texto que como condición hace cómplice al referente, al lector, que sabe y conoce la fuente, si no la sabe, no pasa nada, el poema se quema a la salida del horno. Tengamos en cuenta esta condición. Tengamos en cuenta que la paráfrasis es un juego de sustituciones, por eso la llamamos falsificación, porque no se refleja en lo que alude, aunque lo aludido está reflejado.
Desafortunadamente en las bienaventuranzas de IV siguen vigentes los mismo arquetipos de Hora Pico…, y no le hace justicia a la fuente… no se vale disparar en todas direcciones. Sobre todo en la tercera estrofa, donde el autor reitera su amargura y desidia por los “altos funcionarios” de la misma manera que lo hace en Instantáneas en el apartado “Cinco”.
En el caso de Deseos II, es un poema circunstancial, íntimo y a pesar de ello capaz de evocar ternura… un bello descanso en el trayecto del poemario. Y luego en Caspas un precioso logro en II, lleno del anhelo y la humildad aplastante de quien se siente peatón y sujeto de la precariedad…
Señor:
no soy digno
que entres en mi casa
pero esa mujer
en el poema
bastará para sanarme
... minimalista y arrebatador
Finalmente en Heidi, que es un logro en el poemario, la alusión al “amigo nombre de Santo”, que podría ser cualquiera, pero adelanta una legitimación y luego lo verdaderamente hermoso, que no la negó ni una, ni dos, ni tres, ni ninguna vez, que nos lleva a otras imágenes más sugestivas, pero que no, no es el caso, un poema noble, lleno de verdad con la resignación de que la vida nos acaba.
¿Por qué esa insistencia en los relatos de los evangelios? ¿Por qué estos y no otros dichos y refranes, etc..? Tarea de otros analistas que escarben donde este artículo no pretende.
En A Cow, The Moon and a Big City, ya se siente la constante reiteración a los alcohólicos y las cantinas, se mantienen los juicios de valor como en “me cansé del rap y las tiaminas para entenderla”.
En XXX, sentimos de nuevo la atmósfera que habíamos percibido en el arranque del poemario, pero mucho más logrado y provocador es Bagdad 7 AM donde trasluce a todas vistas la ironía cotidiana del nuevo día cuando otros distantes e irreales no amanecen.
Famotidina, tiene la misma resonancia de Instantáneas al punto que pudo haber sido parte de este. Mientras que El Emigrante, desafortunadamente no capta lo esencial y se conforma con estereotipos y convencionalismos (el diente de oro, la guayabera, el pinol, las botas…) sobre los migrantes nicaragüenses. Muy al contrario y plenamente logrado es Garrincha Vega y su amarga exposición sobre la verdad del embrutecimiento y aplastamiento nada bohemio de los chicheros.
VII, un poema logradísimo y asceta, en que ese hastío del que he señalando está perfectamente plasmado sin aludir a ningún síntoma en particular ni a ningún escenario:
Un día la muerte vendrá por mí
y no tendré que levantarme temprano
ni escuchar más sobre Dios y el Diablo
ni de los beneficios de ir a un gimnasio
ni de enfisemas ni de excesos
ni navegar por internet
ni lavar camisas
ni leer libros por la noche
la muerte vendrá por mi
y no tendré que dar explicaciones
seré un muerto autodidacta
que estudia su propia ausencia
un día cualquiera
la muerte vendrá por mí.
No queremos desperdiciar la oportunidad de destacar ese amargo y sutil dejo de humor e ironía cuando dice “seré un muerto autodidacta que estudia su propia ausencia” un logro por sí mismo que hubiéramos preferido como final en lugar de los versos que como estribillo cierran este magnífico poema.
Poemas como El Empujado mantienen esa tonalidad de hastío, de la irreverente vulgaridad de la vida “ni tan siguiera soy un buen tipo” se mantienen las insistentes referencias a la cantina y al licor. En Nuestro mejor momento en la misma perspectiva, pero contemplando un tiempo pasado, un paraíso perdido que a pesar de lo ordinario “definitivamente crecimos” .
En ese proceso, el de la inocencia perdida finalmente se nos interpela en cuanto a escritor, pero ni el autor se lo cree en Ars poética “Te creés un poeta leyéndome” y se transforma en un reproche, que puede venir de la madre, de la novia, del espejo… dura lección de humildad, también recargada de los tópicos recurrentes que ya hemos señalado. Nos llama la atención la intencionalidad del autor por recrear en su poesía el habla cotidiana meseteña, especialmente con el voceo, y que diga: “por qué no buscas un oficio en el que al menos podás reparar el auto”, ¿por qué auto y no carro?.
Hacia el final de la primera parte del poemario, cierra con dos estupendos poemas, Pata e Pluma y Regreso, un viaje desde el origen ancestral hasta la casa que se derrumba, dos extremos y en medio de ellos un sabor a decepción. Con todo, en Pata e Pluma, el poema se desarrolla como una larga enumeración, como una avalancha, hasta con cierto dejo de retajila. Es en dicho ámbito donde Ricardo mejor se expresa.
En la segunda parte, Caspas, nos encontramos con siete brevísimos poemas, particularmente destacamos Inocencias, Workman, II y Sabana-Cementerio, por su gran eficacia.
Inocencias
se pájaro en el árbol de güitite
ignora en su canto
la puntería del nieto
de Otilia Zenteno
Workman
Simplemente se cansó
de aplanchar camisas
para ese sueldo tan arrugado
Sabana – Cementerio
Antes que el travestido pelirrojo
suba su tacón alto
el chofer con sudor en la frente
rompe el silencio:
-En las gradas no llevo a nadie -
A nuestro parecer, son los poemas de Caspas donde sí se captura el instante, la impresión, la suma de todos los goces y los sufrimientos; y donde se aprecia mejor la agudeza y la pericia en la poesía de Ricardo para dejarnos ese leve pero rotundo “efecto final”.
En la tercera parte del poemario “Para no Pensar” y que titula todo el conjunto nos encontramos con 10 poemas que evocan amores pasados, perdidos, frustrados.
Arranca magníficamente con uno de los poemas más entrañables del poemario:
Los ojos
dos linces en peligro de extinción
la sonrisa
el trapito para limpiar la rutina
de las ocho horas laborales
la enagua
un largo peaje sin autopista
las botas el mejor monumento
del parque al medio día
darle la mano
aunque sea así de broma
hace que su anillo
mueva mi fe
Charly García la anunciaba
y ahora soy quien rasguña las piedras
definitivamente estas palabras cursis
beben del aguardiente de su presencia
pero yo no sabía la cuerda floja de conocerla.
Resultan exquisitas las imágenes sugerentes como “la enagua un largo peaje sin autopista” y el deseo reprimido ante un ser que se anhela pero no se puede alcanzar: “pero yo no sabía la cuerda floja de conocerla”. Innecesaria la referencia a Charly García que no le suma nada al poema.
A continuación Tres Segundos, que nos indica el estadio onírico de lo que pudo ser y no fue, donde hasta la rutinaria vida de clase media tiene la dignidad de un sueño.
Aeromoza, es un poema hermano gemelo de Tres Segundo, sobre esos caminos que se cruzan pero que no se juntan. Por cierto que es un poema cuya esencia está contenida bellamente en sus últimos dos versos:
el vuelo mío es hacia otra tierra
y nada tiene que ver con vos.
Los versos que le preceden no aportan mayor cosa al escenario que ya se intuye en el título del poema.
Y de nuevo nos sorprende Ricardo con un poema enigmático:
Esta mujer
de ojos grandes
esconde un alfiler en sus ronquidos
la madrugada le pertenece
todo objeto en el cuarto lucha
con la ausencia de sus palabras
los aretes incas
el reloj de mesa
el ventilador y su monólogo
esta mujer de ojos grandes
subraya el silencio de la provincia
a menos que sus piernas
sacudan la sábana cada tanto
su brava rosa no se marchita
es el camino del pulgarcito precoz
la envida de la levedad a un metro del suelo
la almendra traída en el el bostezo del mar
esta mujer ojos grandes
lastima en su cama de soltera
tiene la facultad de anularme
de tomar un taxi a Morfeo City
luego de repicar en un orgasmo
su espalda es una sombra más
bajo la oscuridad del biombo.
Logradísimo poema, con bellas imágenes que producen vértigo, como esa mujer misteriosa que parece inalcanzable cada vez que se le posee, que tiene la capacidad anular al amante, de dar la espalda y ser una sombra impenetrable…
Desigual, es un poema de despecho, acumula rabia, pero ¿Qué pudo haber visto este juicioso y despechado amante en esta niñita de Papá, superficial y hasta ignorante por no conocer a Pound? Sentimos que este poema no pasa de ser una rabieta.
Suponiendo que el autor al prescindir de toda puntuación y comenzar sus poemas con mayúscula y los concluye con un punto, entonces se trata de un poema independiente el poema sin título que sigue a Desigual, como una especie de continuación, que sí logra lo que Desigual no logra, y nos devuelve a ese tono de todo el poemario: la pérdida de la inocencia.
En Expresso, un poema que brilla poco, empezamos a ver que el poeta se reitera en algunos de sus recursos: la descripción física y detallada de la mujer que observa, la evocación al cigarrillo, la referencia a lo que diría su madre (Presente en Graduación y Ars Poetica) y la referencia a algún cantante, John Lennon en este caso que a no ser porque al autor le gusta, no entendemos a viene.
Llevarte al mar, un poema estático, en prosa, como contemplando una vieja fotografía… es curioso que en este poema se vuelve a aludir a lo “hippie” y la descripción de los pies, igual que en Expresso, quizá porque es la misma muchacha.
Finalmente el poemario cierra con dos puntos altos, Heidi del que ya hablamos, que evoca ternura, y Graduación que cierra con broche de oro esa pérdida de la inocencia, que inaugura una nueva estación de la vida, un poema para leer y releer:
El 89 se despedía
sin levantar la mano
mi madre encontraba
a foto de Bo Dereck
desnuda entre el colchón
aún tibio de mi cama
y la sábana de dibujos animados
me dio tanta pena por ella
tan en casa
tan en topless
que no me atreví a preguntar
si posó en Jacó
o en las arenas de la isla de Creta
esa misma mañana
mi madre me enseñó
a pronunciar su verdadero nombre
(Mary-Cathleen-Collins)
y a no esconder los tesoros
que a nivel de sexto grado
no hacen bien alguno
pero tampoco hacen daño.
A modo de conclusión, “Para no Pensar” sí es un poemario que nos hace pensar, y que a pesar de ciertos altibajos, nos conmueve como conjunto, y esperamos, sea aviso, para recorrer nuevamente de la mano de Ricardo, los territorios urbanos por donde también transcurren nuestra vidas.
Germán Hernández
elsignoroto.blogspot.com
jueves 7 de mayo de 2009
Lectura del VIII Festival internacional de Poesía
Lectura en el Taller del Artista ( en Tres Ríos)
Jueves 14 de mayo
8 p.m.
Juan Carlos Mestre
Klaus Steinmetz
Alexander Obando
Ana Istarú
Guillermo Sáenz Patterson
Ricardo Marín
Jueves 14 de mayo
8 p.m.
Juan Carlos Mestre
Klaus Steinmetz
Alexander Obando
Ana Istarú
Guillermo Sáenz Patterson
Ricardo Marín
martes 28 de abril de 2009
sábado 11 de abril de 2009
Carta al hermano Jorge
“Allá arriba
Las nubes de mi infancia sobreviven”
Luis Rogelio Nogueras
Querido Jorge, sin contar los bisiestos en que mamá te piensa un rato más, van 28 años sin saber de vos. Es decir, 10220 días ya, que tu nombre se fermentó en nuestro árbol genealógico. Cómo ha pasado el tiempo Jorgito. Te has perdido todos tus cumpleaños en los que no hay pastel, ni piñata, ni mañanitas del rey David. Sólo el recuerdo que aturde como un mosquito en mi alma.
Pero a mi modo soy feliz; crecí, amé, le he pellizcado las nalgas a la felicidad y aunque en la mayoría de las cosas fracasé, no por eso, me dejo de ver en el espejo cada mañana. Si pudieras ver en tu hermano mayor la fe que tiene en las palabras, te cagarías de la risa. Yo, tu hermano mayor que escribe poemas con la misma devoción con la que intenta rasurar el agua, tu hermano mayor que no tiene un buen consejo que darte, tu hermano mayor que no es el mejor ejemplo a seguir aunque mamá se sienta orgullosa que, a los 31 años, obtenga el título universitario que tanto ha llorado. Jorgito, tu hermano mayor que nunca te enseño como darle el primer beso a la güila que te hiciera sudar, el que nunca viajó con vos a el Salvador ( tu patria paterna), el que nunca te enseñó los mejores lugares para jugar escondido en casa de la abuela. Tengo poco que hablar de mí y tanto que saber de vos, que en esta carta no caben todas mis preguntas intangibles. Pero vamos despacio Jorgito, qué te puedo decir de esta vida, te has perdido tantas cosas buenas como la comida china, los abrazos largos y tibios de mamá, el whisky y cómo hacer castillos de arena en la playa con vasitos desechables. Y otro poco de cosas malas, a las que desearía cerrarles la jareta en este mundo. Acá, no ha sido fácil ser hijo único (no sé cómo se las arreglaba Jesús en su tiempo con su padre arriba). Yo, al menos, tuve que lidiar sin tu compañía en el colegio de monjas, tuve que darme de golpes sin tus puños en el barrio para poder subsistir, robarme un helado de la pulpería sin tu coartada, reventar los vidrios de los Casasola sin ninguna de tus pedradas, jugar al futbol sin poder escogerte en mi equipo, en fin, he tenido que ensuciarme las manos solo y desde entonces no he dejado de luchar en este monólogo que trato de explicarte. Debés de saber que tengo el vicio de fumar y otros vicios menores a los que tengo que recurrir cuando la noche ríe como una hiena, cuando el silencio se hace más grande en tu silencio. Me pregunto, si dónde estás, a tus 28 años, si tenés todos los placeres que te gustan y que no sean placeres menores, al contrario, que sea un verdadero paraíso donde no te falte el chocolate caliente o las mejores ediciones de Condorito, un paraíso donde otro haga el papel de hermano y te preste las camisas, los zapatos, la colonia. Un paraíso donde escuchés la risa de mamá y te dejen andar descalzo por los charcos.
¿Qué más te puedo decir? mamá y yo fingimos ser normales para no atraer miradas y el tiempo pasa como un potro desbocado por tu tumba que en un momento diferente a éste fue blanca. Cuidate de este invierno, no te vayás a resfriar. Y Jorgito, si dónde estás hay buenos escondites, hazlo saber, tal vez querás jugar a las escondidas con mamá o con tu hermano mayor cuando te encontremos.
Las nubes de mi infancia sobreviven”
Luis Rogelio Nogueras
Querido Jorge, sin contar los bisiestos en que mamá te piensa un rato más, van 28 años sin saber de vos. Es decir, 10220 días ya, que tu nombre se fermentó en nuestro árbol genealógico. Cómo ha pasado el tiempo Jorgito. Te has perdido todos tus cumpleaños en los que no hay pastel, ni piñata, ni mañanitas del rey David. Sólo el recuerdo que aturde como un mosquito en mi alma.
Pero a mi modo soy feliz; crecí, amé, le he pellizcado las nalgas a la felicidad y aunque en la mayoría de las cosas fracasé, no por eso, me dejo de ver en el espejo cada mañana. Si pudieras ver en tu hermano mayor la fe que tiene en las palabras, te cagarías de la risa. Yo, tu hermano mayor que escribe poemas con la misma devoción con la que intenta rasurar el agua, tu hermano mayor que no tiene un buen consejo que darte, tu hermano mayor que no es el mejor ejemplo a seguir aunque mamá se sienta orgullosa que, a los 31 años, obtenga el título universitario que tanto ha llorado. Jorgito, tu hermano mayor que nunca te enseño como darle el primer beso a la güila que te hiciera sudar, el que nunca viajó con vos a el Salvador ( tu patria paterna), el que nunca te enseñó los mejores lugares para jugar escondido en casa de la abuela. Tengo poco que hablar de mí y tanto que saber de vos, que en esta carta no caben todas mis preguntas intangibles. Pero vamos despacio Jorgito, qué te puedo decir de esta vida, te has perdido tantas cosas buenas como la comida china, los abrazos largos y tibios de mamá, el whisky y cómo hacer castillos de arena en la playa con vasitos desechables. Y otro poco de cosas malas, a las que desearía cerrarles la jareta en este mundo. Acá, no ha sido fácil ser hijo único (no sé cómo se las arreglaba Jesús en su tiempo con su padre arriba). Yo, al menos, tuve que lidiar sin tu compañía en el colegio de monjas, tuve que darme de golpes sin tus puños en el barrio para poder subsistir, robarme un helado de la pulpería sin tu coartada, reventar los vidrios de los Casasola sin ninguna de tus pedradas, jugar al futbol sin poder escogerte en mi equipo, en fin, he tenido que ensuciarme las manos solo y desde entonces no he dejado de luchar en este monólogo que trato de explicarte. Debés de saber que tengo el vicio de fumar y otros vicios menores a los que tengo que recurrir cuando la noche ríe como una hiena, cuando el silencio se hace más grande en tu silencio. Me pregunto, si dónde estás, a tus 28 años, si tenés todos los placeres que te gustan y que no sean placeres menores, al contrario, que sea un verdadero paraíso donde no te falte el chocolate caliente o las mejores ediciones de Condorito, un paraíso donde otro haga el papel de hermano y te preste las camisas, los zapatos, la colonia. Un paraíso donde escuchés la risa de mamá y te dejen andar descalzo por los charcos.
¿Qué más te puedo decir? mamá y yo fingimos ser normales para no atraer miradas y el tiempo pasa como un potro desbocado por tu tumba que en un momento diferente a éste fue blanca. Cuidate de este invierno, no te vayás a resfriar. Y Jorgito, si dónde estás hay buenos escondites, hazlo saber, tal vez querás jugar a las escondidas con mamá o con tu hermano mayor cuando te encontremos.
martes 24 de marzo de 2009
El Cine Coronado (versiones en 8 mm)
I.
Poco o nada queda de lo que fue el cine Coronado. Más allá del recuerdo, están los rótulos anunciando las películas, la gente haciendo fila para entrar a la tanda bajo los calzones de una noche de invierno, los Ajax que bailan con una tranzeta en el parque, el maleante que les grita a los Ajax: “pendejos” desde el calabozo de la Rural, el anciano que vende maní en la acera antes de que la función comience, las hojuelas de maíz como balines para mutarse en palomitas, la llovizna incesante como un spray, el cine como un gran cubo rubic entreteniendo al pueblo.
II.
Soy yo sonriendo y poniéndome los botines. Mi tía y su novio llevándome al cine. Don Alfredo abriendo la cortina de hierro. La entrada a 5 pesos. La matiné abarrotada. “No toqués nada con esos dedos” dice mi tía. Mis dedos atrayendo las abejas. En mi mano, lo que hace unos minutos fue un algodón de azúcar, ahora es una antorcha abstracta para el apetito. Las butacas de madera. La gente empieza a silbar. Don Alfredo se sube al escenario, disculpándose porque la cinta se cortó. Hay más silbidos. El azúcar que antes estaba en mis dedos brilla ahora en mis botines. Las luces que al fin se apagan.”¡Que callen a ese polo! “dice el gordo que me tapa la pantalla. El polo se calla, el gordo no se quita. El sonido incesante del proyector, la pantalla que se enciende, el humo de los cigarros condensándose en el techo y lentamente distribuyéndose. No se puede juzgar a una tía que lleva al cine por primera vez a su sobrino de 4 años a ver la Guerra de las Galaxias con subtítulos. Con el novio de mi tía no me detengo, después de la promesa de matrimonio, (al igual que el cine y mis botines) como Mandrake, desapareció.
III.
Era cuestión de acomodarse en la butaca, inclinar un poco la cabeza y admirar el desfile de estrellas: Charlton Geston abriendo el mar como una cartulina, Rocky Balboa despedazando la mandíbula de mr. T, Marlon Brando hacía el amor antes de que el último tango nos llegara desde Paris, Judá Ben Hur en carruaje venciendo a los romanos gracias a un jeke árabe, El exorcista y el padre Damián Karras dándose a puño limpio con el demonio, Steve Mcqueen protagonizando al inmortal Papillon, Bambi a color, Super man I y su propensión a ponerse el calzoncillo encima del pantalón, Clint Estwood haciendo del cine un Wenstern con fondo de piano, Bo Derek confirmándonos porqué fue la chica 10, las señoras que gritaban:” ¡bingo! ¡bingoooooooo! , cuando el cine dejaba de ser cine y se convertía por unas horas en la única esperanza de las señoras y de la Cruz Roja.
IV.
Pasar por la mañana frente al cine, mirar la cartelera del día, saber que no tenés dinero ni para comprar un boli, saber que no podés invitar a Lily, porque Lily ya tiene 15 y a vos, mocoso de 10 no te vuelve a ver ni por lástima, saber que en la tanda de 7 Lily vendrá con su novio de 16, el novio que come mocos, el novio que la ve como un trofeo de caza, el novio que no nota el barquito bordado de su falda, el imbécil que siempre gana en las mejengas y que al sudar se le inflaman las espinillas, saber, que al apagarse las luces del cine, Lily levitará entre el pequeño espacio que divide un pantalón de una enagua. Hay días, en los que simplemente dan ganas de saber cómo se hace una bomba molotov y utilizarla en defensa propia.
V.
Poco o nada queda de lo que fue el cine Coronado. El cine tuvo que cerrar porque sí, porque el tiempo a veces viene con Alzheimer, porque es mejor poner una iglesia evangélica (cine Reina) para salvarnos, porque es mejor poner una tienda de electrométricos y comprar un DVD para encerrarnos en casa (mejor aún si es Home Theater), porque en el cine Coronado no habían asientos reclinables, ni salones VIP, ni Mall para ir de compras, ni palomitas de maíz exportadas, ni sonido digital, ni tercera dimensión, ni aire acondicionado. Pero sí estaban mis botines, mi algodón de azúcar, los gritos de don Alfredo y allá, en la parte más oscura, Lily con su barquito bordado en la falda.
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